jueves, 9 de julio de 2009

-¿No sabés que estoy paralítico?- le dijo Luis enojado.
-No te la traje para que juegues. Te la traje para que la guardes.
-¿Y qué hago con una pelota si ésta guardada?
-Es lo único que tengo. Por eso te la quiero dar. Cuando juego siento que soy como vos, siempre voy a querer jugar como vos.
-¿Y por qué hacés esto?- le preguntó Luis. Y Diego, que tenía sólo seis o siete años, le contestó con las mismas palabras qué el le había dicho cuando lo defendió de aquellos chicos. Le dijo:
-Porque lo necesitás.
Nada más. Se fue.



-Una vez- me dijo Patricia- vino un tano y le ofreció cien mil dólares si se la vendía. Pero mi papá no quiso. Él dice que las ilusiones no se venden. Que a los sueños hay que guardarlos para que crezcan y se cumplan. Y yo le creo.



Por eso, yo admiro a la gente que sueña, a la gente que no tiene miedo de admitir que sueña. Porque para mi los sueños son lo mas grande en este mundo, las grandes cosas que hoy vemos algun dia empezaron siendo un sueño, una ilusión de gente que se atrvio a realizarlos...

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